Ir al contenido principal

Hoy nuestra lucha es contra fieras y alimañas

Hoy nuestra lucha es contra fieras y alimañas

Peleando con flechas de madera
Pocas veces advertí a Pablo tan atribulado y tan turbado como lo veo en 2 Corintios 1:8…”fuimos abrumados sobremanera, más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida” Pero este sufrimiento y ese peligro inminente que lo acechaba están relacionados con las fieras que trataron de despedazarlo en Éfeso: “…batallé en Éfeso contra fieras…”
Pablo está diciendo: “Allí conocí otro tipo de guerra, supe lo que es pelear contra fieras enfurecidas” El no está hablando de leones o tigres, está refiriéndose a fuerzas espirituales de maldad que se encarnan en hombres que se transforman en fieras.
Al ver tanta maldad suelta en el mundo, el Señor puso una palabra en mi corazón que puedo sintetizar con esta frase: “Los cristianos estamos peleando con fieras usando flechas de juguete”
Este mundo del 2010 donde estamos viviendo se ha convertido en una jungla. Una jungla muy peligrosa.
Los que ya tenemos nietos no salimos del asombro al ver cada día lo que nos escupe en la cara esta sociedad corrupta y depravada.

¡Que diferencia con la sociedad de los años 60 y 70!
¿Qué pasó por los 60 en el mundo? Comenzó la revolución hippie, el amor libre, el delirio por los Beatles.
Había pecado por aquellos días. Eso no se puede negar. Pero es indiscutible que aquella era una sociedad infinitamente más sana que la de nuestros días.
Era una sociedad que tenía claramente marcado el bien y el mal. Era una sociedad de muerte y vida, de blanco y negro, de correcto e incorrecto.
Hoy todo es difuso, gris, confuso. O directamente negro.
Por aquellos tiempos los padres y las maestras conformaban una alianza indestructible y complementaria. La meta era educar de la mejor manera al niño.
¿Qué les decían las maestras a los padres? “Hagámoslo juntos. Ustedes se encargan de la educación formativa en la casa y nosotros nos ocupamos del conocimiento y de la cultura”
La meta era formar jovencitos de bien que sirvieran a la sociedad.
En aquellos años funcionaba esa alianza constructiva y edificante entre maestros y padres.

Todo ha cambiado
Hoy nada de eso ha quedado. Si la maestra disciplina al niño porque se comportó mal en clase, saltará la madre o el padre contra la maestra, la maltratará, la tratará de injusta, la ridiculizará delante de los alumnos y de su hijo…y hasta algunos han llegado a pegarles. A agredirlas físicamente.
En aquellos años usted enviaba a su hijo al colegio y sabía que estaba en el mejor lugar. Un lugar de formación, de educación, de crecimiento.
La maestra ocupaba un sitial de tanto respeto que por aquella época se enseñaba en los colegios católicos que el pequeño tenía tres madres: la madre de Dios, la mamá biológica y la maestra.
Y cuando nos portábamos mal y nos daba un punterazo en la cabeza o nos pegaba un tirón de orejas, ni locos lo decíamos en casa. Porque acusar a la maestra en casa significaba una nueva paliza por parte de nuestros padres, porque “por algo habrá sido”.
No existían los delatores de las maestras porque de lo contrario había palo en la escuela y palo en la casa. Entonces usted se avivaba y decía: “No voy a contar nada porque mejor un palo solo”.

Premios y castigos
¿Cuáles eran nuestros pecadillos en el colegio? Comerle la manzana a la maestra, tirar un tizaso, pelearse en el recreo con un compañero, copiarse en alguna prueba, colocarle una goma de mascar en el banco para que se pegue… ¡Fíjese el calibre de los pecados!.
Y esas cosas ya merecían una sanción, porque en la escuela regía el sistema de premios y castigos, que es tan saludable. Y se pagaba con un punterazo, un aplazo, un llamado a la madre o permanecer parado una hora en la oficina de dirección. Y eso daba vergüenza. Todavía había vergüenza.
Hoy no solo se burlan e insultan a la maestra, sino que hasta le han prendido fuego al cabello mientras corregía, tal como vimos en televisión. Y la televisión también nos mostró una maestra que fue internada después de una tremenda golpiza que le dio un alumno de 11 años.
La maestra hoy perdió su rango, su prestigio. Ya no es más un orgullo ser maestra, es casi una profesión de riesgo que genera un enorme estrés.

El valor de la dignidad
La sociedad de aquellos años era distinta. Muy distinta. A los negocios usted los cerraba con un apretón de manos. Eso tenía el valor de un documento firmado.
¡Cuánta dignidad! ¡Cuanta palabra! Usted decía: “Hecho. Te vendo esta casa. Es tuya por 50 mil pesos” Un apretón de manos y después se hacían los papeles. Y si usted le vendía la casa a Pedro y al otro día venía alguien y le hacía una oferta mejor, ¿cuál era la respuesta? “No puedo hacerlo. Ya le di mi palabra a Pedro.”
Era una sociedad donde se respetaba el honor de la palabra.
Haga hoy un negocio con un apretón de manos. Se va a arrepentir toda la vida. Hoy no alcanza ni con una firma. Tendrán que firmar dos o tres garantes solventes. Y así y todo muchos terminan estafados.
Si yo vendo un auto, no es para beneficiar al comprador, es para sacarme de encima un cáncer al que “decoré” para que parezca bueno.
Fíjese usted como se ha ido degradando la sociedad, como ha ido retrocediendo.
A mi me criaron repitiéndome que la palabra se debe cumplir. Que es mi mayor tesoro. Y eso se me reafirmó cuando conocí al Señor. Por eso yo quiero que mi palabra siga teniendo el valor de un documento. Porque es lo que agrada a Dios.
Yo nací y viví hasta los 18 años en un pueblo del norte del país, en Catamarca, Argentina. Casi no había gente rica en ese pueblo porque la mayoría eran modestos agricultores. Muy pocos tenían auto, casi nadie tenía teléfono, no había restaurantes ni cine, pero te enseñaban a ser feliz con lo que tenías.
A eso la Biblia lo llama “contentamiento”: estar satisfecho con lo que hemos logrado. Dar gracias a Dios por lo que tenemos.
Te compraban ropa una vez al año y te la compraban grande para que te dure por mucho tiempo.
Yo andaba con los pantalones remendados.
Era la época donde todo se reparaba. La radio, el reloj, los zapatos, la ropa que se rompía se zurcía.
Hoy no hay amor por las cosas. Todo se tira, aunque funcione.

Atrocidades y más atrocidades
En esos años encontrarse con una persona homosexual o lesbiana era toda una rareza y si en una casa un hijo se declaraba homosexual provocaba un escándalo.
No entraba en la cabeza de nadie, allá por los 60 o 70 que íbamos a ver por televisión casamientos de personas de un mismo sexo, y que esas uniones serían legalizadas. Eso era impensable. Porque aunque mucha gente no asistía a las reuniones de la Iglesia, igualmente tenían en claro el concepto de lo bueno y lo malo.
Hoy usted puede llegar a escuchar lo más absurdo, lo increíble. Como esa diputada argentina que en el mismo recinto del parlamento -no en una reunión privada- dijo la terrible barbaridad de que el sexo es una elección y si alguien quiere tener relaciones con animales, mientras no haya sufrimiento para ellos, no hay nada para recriminar. Y lo más lamentable es que hay gente que aprueba estos dichos y los aplaude.
Señores: cincuenta años atrás hubiese sido inconcebible semejante atrocidad saliendo de la boca de un diputado de la Nación. Si alguien decía el diez por ciento de eso, al otro día estaba afuera de la cámara.
Pero esto no solo sucede en Argentina. La maldad y los antivalores han ganado el mundo entero.
La Ministra de Salud de España, por ejemplo, dice, sin una pizca de vergüenza, que el feto no es una vida mientras está en el vientre de la madre, por ende, hasta último momento se puede abortar porque eso no significa truncar una vida.
De la boca de una ministro de un país europeo de los llamados “desarrollados”.

Guerra espiritual sencilla
Me crié en una sociedad medianamente sana y la guerra espiritual que se practicaba en las iglesias en esos años era la guerra espiritual básica. Es decir que usted peleaba en oración contra los demonios de pobreza, de curanderismo, de opresión, de enfermedad. Orábamos para que Rusia y Estados Unidos no entren en guerra y destruyan el mundo con sus bombas. Guerra espiritual elemental.
Los libros cristianos de esas décadas eran “Satanás vivo y activo”, “La agonía del gran planeta Tierra”, “Armagedón”…
Y si había algún demonio medio rebelde, aparecía el evangelista Carlos Annacondia con sus campañas y los exterminaba como mosquitos.
Hoy aquel mundo no existe. Se terminó el romanticismo, la ingenuidad, la bohemia. Hoy vivimos en una sociedad de fieras, en una humanidad infectada de maldad donde a tu hijo de 7, 8, 10 años te lo destruye un perverso que se mete dentro de las cuatro paredes de tu casa a través de la Internet y le envenena el alma. Las redes sociales están destruyendo muchas vidas. Muchos matrimonios. Muchos sueños.
Antes el niño era la persona más protegida de la sociedad. Hoy se ha convertido en el blanco de la perversión.
Seamos realistas
Entonces es fundamental darnos cuenta en qué sociedad vivimos. La lucha que hoy libramos como jóvenes, como padres o como abuelos es una batalla contra fieras.
Hay fieras en las escuelas, en los gobiernos, en los negocios y hasta en la Iglesia oficial. (Ya son miles los sacerdotes acusados de violar niños en todo el mundo)
Ahora más que nunca cobra valor ese pasaje que nos invita a ser astutos como serpientes. Tenemos que despertar de nuestra ingenuidad. La gente del mundo, el incrédulo, utilizando un término de la hípica, nos saca varios cuerpos de ventaja en los negocios, en el trato personal, en los intereses de la vida.
Cuando, por ejemplo, un grupo de pastores va a visitar a un intendente –obviamente no podemos generalizar- y le regalan una Biblia y oran por él, van a encontrar la mejor predisposición. Porque los políticos no ven personas, ven votos.
Y si Dios les revelara qué dicen esos funcionarios cuando los pastores salen del despacho, se quedarían helados.
Tengo un amigo que no tiene nada que ver con la Iglesia, bien involucrado en la política grande y él me cuenta como piensan y cómo actúan los políticos cuando vuelven a ser ellos mismos.
Como dice el tango: “todo manoseao…”
Estamos inmersos en una sociedad de fieras que se burlan de Dios, de todas sus reglas de moralidad y de todos los valores que nosotros practicamos y creemos. Si un joven o una joven cuenta que es virgen y que piensa llegar al matrimonio de esa manera porque es lo que Dios aprueba, se le ríen en la cara y los tildan de retrógrados.
Ser “vivos” o ser listos se ha convertido en ser pecadores. Más pecados, más condecoraciones te coloca la sociedad.
Si una joven tiene relaciones sexuales, corre a contarlo. Porque eso suma puntos en la nueva valoración de esta sociedad. Y las chicas buenas deben cerrar la boca si no quieren ser ridiculizadas.
Hay un refrán que dice: “Las chicas buenas van al cielo, las malas van a todas partes”
Dejó de ser un honor y un mérito lograr las mejores notas. Hay alumnos que “regulan” su rendimiento para no ser tildados de “tragas imbéciles” y ser marginados.
Ser un joven honesto y con valores se paga caro: se es marginado. Y como para un joven es muy importante sentirse aprobado e integrado por sus amigos, muchas veces es empujado a cometer pecados que su buena conciencia jamás se lo permitiría.
Algunos se ven obligados a mentir que hicieron determinadas cosas malas, para lograr la aceptación.
Decir que tienes 20 años de casado y que nunca fuiste infiel provoca risa, burlas y por sobre todas las cosas incredulidad.
Los que manejan las naciones
Quiere decir que la guerra espiritual a la que nos enfrentamos hoy no tiene nada que ver con la que practicábamos en la Iglesia en los años 70. Sencillamente porque hoy usted está en un mundo de fieras, de bestias, de alimañas.
Este amigo político trabajó un tiempo con los ejecutivos del FMI (Fondo Monetario Internacional). Dice que la gran mayoría son satanistas, que se declaran ateos pero viven consultando brujas y santeros.
Hay mucha más gente de la que usted cree en puestos claves de gobierno que pactan con las tinieblas. Viven obsesionados por el poder. Sienten fascinación por los cargos y hacen alianzas con brujos para conservar su sillón.
Esa es la gente que maneja las naciones. Ese es el mundo al que nos tenemos que enfrentar como Iglesia de Jesucristo.
Cuando a ese chico que usted cuida como la niña de sus ojos, lo envíe al colegio ya no sabrá qué banda o que pandilla lo va a depravar. Pervierten más cuatro recreos de 10 minutos cada uno que cinco horas de clases.
Facebook y compañía
Yo he predicado hace poco un mensaje al que llamé “Una legión llamada Facebook y compañía”. Y denuncié el tremendo daño que provocan las redes sociales: el chat, el Twitter, Youtube o Facebook… cuando usted no tiene control.
Muchos argumentan que “hay que estar informados”. Ya lo se. Pero lo que nadie puede negar es que si usted no tiene una disciplina férrea, no tiene madurez y no tiene temor de Dios, tarde o temprano caerá en las garras de una adicción satánica que no lo soltará.
Hay jóvenes y adultos que dejan todo por estar hipnotizados y contaminados delante de la pantalla de la computadora.
El ataque que viene por Internet no permite salir ileso. No hay cabeza, no hay psiquis que soporte ese incesante bombardeo de basura.
Hay gente que la usa para bien. Pero quien puede negar que para millones es una ventana abierta al pecado y a la inmundicia.
Iglesias desconectadas
Ya no soporto más a los predicadores que quieren quedar bien con la gente. Que sus mensajes están llenos de diplomacia…Señores, si no alertamos desde los púlpitos nos van a destrozar las fieras.

Pablo dijo: “Yo se lo que es batallar contra las fieras porque en Éfeso me encontré frente a frente con ellas”
Mi problema no es con las fieras solamente. Porque si Pablo las venció en el nombre del Señor, yo también puedo hacerlo.
Mi problema es cómo ayudar a una Iglesia que está raquítica, desanimada por tantos programas humanos y tan alejada de la realidad. Como viviendo en una burbuja de fantasía.
Los pastores, para predicar, deberían sacar los temas de los diarios y las respuestas de la Biblia. Eso empezaría a convertirlos en realistas. Porque las angustias de la gente están en los periódicos, no se enseña en los seminarios.
Mi problema es cómo colaborar para que se despierte una Iglesia donde todavía hay mucho infantilismo espiritual: gente que todavía se ofende porque el pastor no lo saludó con la cordialidad habitual. Gente que se ofende porque no les dan cargos o les niegan protagonismo…
¡Qué es eso comparado con las fieras que nos esperan afuera de la Iglesia! ¡Detenernos en esas chiquilinadas mientras las fieras devoran a nuestros hijos!¡Estamos errando el foco!
Hoy un chico de 14 años, con una pistola que no le cabe en la mano, te puede quitar la vida por diez pesos para comprar el próximo paco.
Hoy usted despide a su hijo que sale a divertirse un sábado y de madrugada tiene que ir a buscarlo para enterrarlo.
¡Hay que empezar a llamar a las cosas por su nombre y dejarnos de palabras edulcoradas!
Hoy nos “coimean” para darnos un nicho bien ubicado en el cementerio. Hoy, cuando vamos a hacer un negocio, antes de saludarnos, nos dicen “mi gestión vale el treinta por ciento”.
Dicho sin sonrojarse y con el mayor descaro.
Si usted quiere ser honesto se le reirán en la cara.
Si usted no sabe pelear en este mundo, cuando vaya a hacer negocios, se lo comerán, lo destrozarán.
Si usted quiere ser un empresario del Reino pero se maneja con una mente infantil e ingenua, no lo haga porque lo van a destruir y usted sufrirá mucho.

Pablo lo profetizó en 2 Timoteo 3 cuando dijo que en los últimos días vendrían tiempos peligrosos con hombres implacables, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, pero… con apariencia de piedad.
No he venido a desalentarlos, sí he venido a alertarlos. Por otro lado, para quien mira televisión este panorama no le resultará ajeno.
Para terminar, ¿Cómo podemos proteger a nuestros hijos, a nuestros nietos, a la Iglesia?
Consolidando el fundamento cristiano. Tenemos un cimiento poderoso que se llama Jesucristo. Ese es el fundamento que Dios nos ha dado para que nada ni nadie nos derrumbe. Es un cimiento inconmovible. Pero debemos mirar cómo sobreedificamos sobre esa base.
Consagración. Pureza. Búsqueda espiritual. Confianza en Dios. Temor de Dios. Esas son piedras preciosas, eso es oro, eso es plata. Eso es edificar con sabiduría. En cambio la frivolidad, la religión, las tradiciones, la falta de compromiso con el Señor, la vida light, eso es madera, eso es heno. Eso no resistirá.
Según la Palabra de Dios en 1 Corintios 3: 11, depende de nosotros cómo edificamos sobre el fundamento. Podemos hacerlo con dos tipos de materiales: ricos y durables o viles y perecederos. Por eso es tan importante que lo que baje del púlpito o lo que transmitamos a nuestros hijos no sea un evangelio flojo y aguado, ese que hace hincapié en la religión, el legalismo o lo intrascendente; ese que deforma y minimiza el poder de Cristo y presenta a un Dios que no obra, que no hace milagros ni cambia vidas. Que los pastores y los padres tengan la sabiduría, la fe y la valentía de transmitir a un Dios infinitamente poderoso que está en control de todo y que nos permite mirar sin miedo hacia adelante sabiendo que al final, la victoria será nuestra por medio de Jesucristo.

Ap. Raúl Ávila
Mensaje pronunciado en la ciudad de Morón, Buenos Aires, en los primeros días de octubre pasado.

Comentarios

Entradas populares de este blog

¿QUIEN ES ESTE? (Mateo 8: 23-27) INTRODUCCION             Ha lo largo de la historia desde su aparicion en la tierra, no ha existido hombre o mujer alguna que no se haya realizado esta pregunta entorno a un hombre que piso este mundo, de nombre IESHUAJ.             Cientos de miles de hombres religiosos, políticos y militares, han realizado grandes proezas en vida como nadie nunca, sin embargo, la historia a manifestado el origen de sus encanto y la capacidad de influir sobre el destino de millones, pero ante la persona de Yeshua (Jesús) todos los conceptos, formulas o teorías se han visto frustradas ante la posibilidad de explicar como este hombre pudo y puede ejercer un fuerte liderazgo sobre el ser humano, pero de igual forma, sobre los fenómenos naturales, sobre la naturaleza misma. DESARROLLO I._ CLARA VISION DE HACIA DONDE SE DIRIGIA. (V. 18)     ...
LAS CONVOCATORIAS DADAS POR EL ETERNO. ENTENDIENDO LAS FIESTAS Las fiestas descritas en Levítico (Vayikra) 23 fueron dadas por Dios para que su pueblo pudiera conocer acerca de la venida del Mesías y el rol que el Mesías   jugaría en la redención y restauración divina tanto del hombre como de la tierra, luego de la caída del hombre en el jardín del Edén (Gan Eden). Aunque la mayoría de los creyentes no judíos han oído acerca de las fiestas, no hay un entendimiento claro del significado profundo y la importancia de estas.                El apóstol Pablo (Rav Sha'ul) escribió a los creyentes gentiles en Colosas diciendo que las fiestas del Señor, la luna nueva y el Shabat eran una sombra de las cosas por venir para enseñarnos acerca del Mesías (Mashiash) (Colosenses 2:16-17). Yeshua (el nombre hebreo de Jesús, que significa "salvación") era la sustancia o el cumplimiento del gran plan que Dios reveló en estas impo...